Ana Linarejos
Psicóloga sanitaria especialista en Psicología Clínica Aplicada en el área de Infantil-Adolescentes-Adultos, en Desarrollo Personal y Mindfulness.
Decidir convertirme en Psicóloga fue una elección natural; siempre he sabido que mi propósito en la vida es ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles. Desde joven, sentí una fuerte vocación por brindar apoyo y comprensión a aquellos que lo necesitan. A lo largo de mi carrera, he tenido la fortuna de especializarme en diversas áreas, como la psicología cognitivo-conductual, el mindfulness, el desarrollo personal, la educación emocional, la disciplina positiva, la arteterapia, la codependencia, la integración del niño interior y la programación neurolingüística. Estas especializaciones no solo han enriquecido mi práctica profesional, sino que también me han permitido conocer a profesionales inspiradores y seres humanos extraordinarios, todos ellos con una calidad terapéutica y humana excepcional, que han sido fundamentales en mi propio crecimiento personal y profesional. Nada me conmueve más que ver cómo, con el apoyo adecuado y la psicoterapia, las personas pueden resurgir y comenzar a ver la vida con nuevos ojos, llenos de esperanza y optimismo. Cada historia de transformación y superación que he tenido el privilegio de acompañar reafirma mi compromiso y amor por esta profesión.
A VECES NO NECESITAS UNA RESPUESTA. NECESITAS UN CAUCE
He reflexionado muchas veces en lo que se parecen nuestros pensamientos a las gotas de lluvia sobre una ventana
-Una preocupación cae. Después, otra...
-Un recuerdo...después, otro...
-Una emoción...después, otra..
-Una palabra que alguien dijo y que se quedó dentro...
Al principio, cada gota parece ir por su cuenta.
Pero cuando varias encuentran el mismo camino, "forman un cauce"
Con nuestra mente ocurre algo parecido.
Una idea puede quedarse aislada durante días:
«No soy suficiente»
«Siempre me pasa lo mismo»
«Tengo que poder con todo»
Y, poco a poco, otras experiencias empiezan a conectarse con ella.
Hasta que aquello que comenzó siendo un pensamiento termina pareciendo "una verdad".
Pero aquí está lo importante:
Un cauce no es el destino de la lluvia
Los pensamientos también pueden cambiar de dirección cuando aparece algo nuevo que los conecta de otra manera.
-Una conversación
-Una pregunta
-Una experiencia diferente
-Una mirada más compasiva hacia nosotros mismos
Por eso, en terapia, muchas veces no intentamos borrar pensamientos.
Intentamos "entender por dónde están fluyendo"
Y, cuando es necesario, abrir un cauce nuevo.
Porque "estar mejor" no consiste en conseguir que deje de llover. Si no, en aprender que "no todas las gotas tienen que seguir el mismo camino"
Y con respecto a ti, ¿qué pensamientos llevan demasiado tiempo marcando el cauce de tu vida?
29/09/2026
ABRIMOS UN SEGUNDO GRUPO DE CÍRCULO TERAPÉUTICO ENTRETEJID@S
Nuestro primer grupo ya está completo, y por eso abrimos un segundo grupo para 6 personas que sientan que este puede ser un buen momento para parar, mirar hacia dentro y compartir un proceso de crecimiento acompañado en el que no faltarán risas y diversión.
No buscamos únicamente sentirnos mejor durante un rato. Buscamos comprendernos, escucharnos y aprender recursos que podamos llevar a nuestra vida cotidiana.
Por eso, formar parte de este grupo implica compromiso con el propio proceso, asistencia y disposición para participar y trabajar en aquello que cada persona necesite. No es necesario llegar sabiendo qué necesitas ni tenerlo todo claro; iremos descubriéndolo juntas/os, paso a paso.
Será un grupo reducido en el que nos juntaremos una vez al mes (en fin de semana o el sabado o el domingo decidido democráticamente dentro del propio grupo)
🤍 Si sientes que este espacio puede encajar contigo, puedes escribirme para recibir más información y reservar tu plaza.
📍 Centro de Psicología Ana Linarejos
C/ Mariana Pineda, 34
📞 625 51 37 45
"CUANDO NO TENGA PROBLEMAS O ME DEJEN EN PAZ, ESTARÉ TRANQUILO, ANA"
Una frase que escucho con frecuencia en consulta, aunque cada persona la expresa de una manera diferente.
A veces vivimos esperando que llegue ese momento en el que todo esté resuelto: cuando desaparezcan las preocupaciones, cuando los demás dejen de molestarnos, cuando no haya nada pendiente… Entonces, pensamos, podremos estar tranquilos.
Pero ¿y si la tranquilidad no dependiera de que nuestra vida estuviera libre de problemas? Y si...¿Tener dificultades forma parte de estar vivos?
Siempre habrá situaciones que no podremos controlar, personas que nos incomoden, decisiones que tomar o momentos que nos pondrán a prueba. Y eso no significa que estemos haciendo algo mal ni que nuestra vida esté fracasando.
En terapia, muchas veces trabajamos precisamente en aprender a relacionarnos de otra manera con aquello que nos ocurre: distinguir lo que podemos cambiar de lo que no, poner límites cuando es necesario, desarrollar recursos y aprender a atravesar los momentos difíciles sin sentir que tenemos que resolverlo todo de una vez.
Quizá se trate de poder decir y asimilar interiormente:
«Aunque haya problemas, puedo estar bien. Aunque no pueda controlar todo lo que ocurre, puedo decidir cómo quiero afrontarlo y soy consciente de que estar tranquilo no significa que todo esté a mi gusto fuera»
La vida no nos garantiza ausencia de dificultades. Pero podemos aprender, poco a poco, a vivirlas de otra manera.
Sé que es fácil leerlo, pero hacerlo realidad requiere tiempo y un proceso interno. Aun así, creo que es importante recordar que es posible aprender a relacionarnos de otra manera con lo que nos ocurre.
Y precisamente porque sabemos que es un proceso, estamos aquí: para acompañarte, sin juicios, respetando tus tiempos y caminando contigo, paso a paso
22/09/2026
UNAS HORAS DE UN DIA DE MI VIDA...
Estamos en una terraza, con dos cafes sobre la mesa. Mi amiga me mira fijamente, esperando que el "efecto psicóloga" haga magia.
—A ver... pero dime qué opinas —me dice, inclinándose hacia adelante—. Respondeme ¿Por qué siempre me pasa esto?
Respiro hondo. Esta es, sin duda, la parte más difícil de ser psicóloga: "el ma***to límite entre la empatía profesional y las ganas de darle un zarandeo y una buena torta a mi amiga" (¿ironía?)
—A ver, como amiga te diría que eres un cuadro. Y como psicóloga... pues también —le digo, mientras ella se ríe.
—¡Hablo en serio! — me reprocha—. Te juro que esta vez el chico me encanta. Es verdad que ayer me dijo que "no está en un momento vital para etiquetar las cosas", que "necesita espacio para sanar a su niño interior" y que "se agobia si le escribo dos días seguidos". Pero el domingo me mandó un meme de una carita con corazones. Eso es una señal, ¿no?
Aquí es donde mi cerebro entra en cortocircuito. Mi lado de psicóloga entregada quiere conectar con su necesidad profunda de afecto, validar su vulnerabilidad y guiarla suavemente hacia la auto-comprensión. Pero mi lado de amiga, que lleva viéndola cometer el mismo error desde el instituto, solo quiere quitarle el móvil y estamparlo contra el suelo.
—Amiga... —empiezo, buscando las palabras con cuidado—. Si alguien te dice que no quiere nada serio, no te está proponiendo un reto nivel experto para que le demuestres tu valía. Te está dando un aviso de desahucio emocional antes de que te mudes a su vida.
—Ya, pero es que yo siento que si me esfuerzo un poco más...
—¡Que no es un examen de oposición! —interrumpo, perdiendo por completo la compostura "de psicologa".
Es curioso pues a veces nos empeñamos en ir al supermercado a comprar tornillos. Y cuando nos damos cuenta de que solo venden fruta, en lugar de cambiar de tienda, nos sentamos en el pasillo de las manzanas a esperar que mágicamente florezca una tuerca del número 8.
Se queda en silencio, mirándome con cara de "me estás juzgando y diciendome "¡ A MI!" "¡ A MI!" lo que tengo que hacer"
(cuando precisamente eso es lo que deseaba pero ahora no le gusta porque no le satisface lo que escucha)
—Vale, lo siento. Vuelvo a ponerme la gorra de psicologa —suspiro, sujetándome la cabeza—. Mira, es muy jodido ser tu amiga y ser psicóloga. Porque mi parte profesional entiende perfectamente que estás buscando en personas inalcanzables el reconocimiento que no te das a ti misma. Entiendo tu patrón, entiendo tu herida y me da una compasión enorme... Pero mi parte de amiga sufre viéndote saltar de cabeza a una piscina que sabes perfectamente que está vacía. Y sobre todo, ¡me da una rabia tremenda que no lo veas cuando lo tienes delante!
Ella se queda mirando el vaso, sonríe de lado y asiente despacio.
—O sea, ¿que en la frutería no van a florecer tuercas?
—Ni la del número 8 ni ninguna otra, por mucho que te sientes a esperar en el pasillo.
—Vale. Mañana pido cita con una terapeuta que no seas tú.
—El mejor dinero que vas a invertir en tu vida. Y ahora, por favor, hablemos de otra cosa antes de que se me quiten las ganas de seguir compartiendo contigo momentos.
11/09/2026
NO TODOS LOS NIÑOS LLEGAN AL COLEGIO CON LA MISMA MOCHILA
08/09/2026
EL PLAN QUE NOS HACEMOS CON NUESTRA MENTE Y EL CAMINO QUE FINALMENTE RECORREMOS
Hay algo que hacemos mucho, aunque a veces no nos demos cuenta: imaginamos cómo debería ser nuestra vida.
Pensamos dónde queremos estar dentro de unos años, qué queremos conseguir, cómo deberían suceder determinadas cosas… y vamos construyendo en nuestra cabeza una especie de mapa de cómo creemos que debería ser nuestro camino.
Nos gustaría que fuera sencillo: saber hacia dónde vamos, ir avanzando y, poco a poco, llegar.
Pero la vida no suele funcionar así.
A veces las cosas salen bastante parecidas a como las habíamos imaginado. Tomamos una decisión, damos unos pasos y conseguimos aquello que nos habíamos propuesto.
Pero otras veces aparecen cosas que no estaban en nuestros planes. Una ruptura, un cambio de trabajo, una dificultad familiar, una pérdida, una oportunidad inesperada, una decisión que tenemos que tomar sin estar preparados… Y de repente ese camino que parecía tan claro empieza a cambiar.
Y es curioso porque muchas veces, cuando esto ocurre, pensamos que estamos haciendo algo mal.
Como si desviarnos del camino que habíamos imaginado significara que estamos fracasando o que nos estamos alejando de aquello que queríamos.
Pero cada vez tengo más claro que no siempre es así.
Alejarse del plan no significa necesariamente alejarse de la vida que queremos construir. Y aunque no podamos decidir siempre qué nos va a pasar, sí podemos ir decidiendo cómo queremos afrontar aquello que nos sucede.
Lo digo también desde mi propia experiencia. Como psicóloga, pero sobre todo como persona. Yo también he tenido muchos “alejamientos” de esos planes que alguna vez me hice en la cabeza. Algunos me costaron mucho. Otros llegaron acompañados de miedo, incertidumbre o de la sensación de no saber muy bien hacia dónde estaba yendo.
Y, sin embargo, con el tiempo, algunos de esos desvíos me han llevado a conocerme mejor, a poner límites que antes no sabía poner, a descubrir capacidades que desconocía y también a replantearme qué cosas eran realmente importantes para mí.
Por eso, cuando la vida se aleja de lo que habíamos previsto, quizá podamos hacernos otras preguntas.
Quizá este rodeo me está ayudando a conocerme mejor. Quizá me está enseñando algo que necesitaba aprender. Quizá estoy descubriendo que mis prioridades han cambiado. Quizá estoy conociendo a personas que nunca estuvieron en mi plan y que, sin embargo, acabarán siendo importantes para mí.
O quizá llegue finalmente a ese lugar que quería, pero llegue siendo una persona diferente a la que comenzó el camino.
Y también puede ocurrir algo que a veces olvidamos: que lleguemos a un lugar que nos guste incluso más que aquel que habíamos imaginado.
Por eso, si ahora mismo tu vida no se parece demasiado a la que habías planeado, intenta no interpretar automáticamente ese desvío como un fracaso.
No todo desvío es una equivocación. No todo retraso significa que estés llegando tarde. Y no todo camino diferente te lleva a un lugar peor.
A veces simplemente estamos viviendo una parte de nuestra historia cuyo sentido todavía no podemos ver.
Quizá dentro de un tiempo mires hacia atrás y entiendas que aquellas vueltas que tanto te preocupaban no te alejaron tanto como pensabas. Quizá fueron precisamente las que necesitabas para llegar de otra manera: más consciente, más preparada y, sobre todo, más tú.
Y quizá de eso también se trate la vida. De hacer planes, sí, pero de aprender a modificarlos cuando sea necesario. De tener una dirección sin exigirnos que el camino sea exactamente como lo habíamos dibujado.
Porque no siempre podemos elegir el camino que nos toca recorrer.
Pero podemos aprender a caminarlo.
Y quién sabe… quizá al final descubramos que aquel lugar al que llegamos era mucho más nuestro que aquel que habíamos planeado al principio.
Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.
Categoría
Contactar con el consultorio
Teléfono
Página web
Dirección
Calle Mariana Pineda 34, Primera Planta, Despacho 15 (al Final Del Pasillo)
Andújar
23740
Horario de apertura
| Lunes | 16:00 - 22:30 |
| Martes | 16:00 - 22:30 |
| Miércoles | 09:45 - 13:30 |
| 16:00 - 22:30 | |
| Jueves | 09:45 - 13:30 |
| 16:00 - 22:30 | |
| Viernes | 16:00 - 21:30 |
| Sábado | 09:00 - 14:00 |
Notificaciones
Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando Ana Linarejos publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.